jueves, 19 de marzo de 2015

A la Venta



"En las artes marciales externas, anhelando felicidad, te preparas para luchar contra los enemigos que encuentras frente a ti y que quieren desafiar tu deseo. En las artes marciales internas, sin embargo, has comprendido que primero debes derrotar a tus propios demonios para no tener que estar cada día luchando contra alguien." DEL TAI-CHI AL TAO

A la venta en las grandes superficies como el Corte Inglés, Fnac o en librerías especializadas. También puedes reservar ya tu ejemplar a través de la Editorial. http://www.edicionestao.com/

jueves, 19 de febrero de 2015

El Anciano y su Nieto


“Como cualquier cuento que se precie debe empezar con la frase “erase una vez”, permitidme empezar esta historia diciendo: - Erase una vez un abuelito que todos los días iba a recoger a su nieto al colegio. Junto a su cachorro Toby, ambos esperaban al pequeño y, cuando salía de clase, de camino a casa,  paraban en el parque para jugar un rato, riendo y saltando hasta la hora de comer. Pero cierta mañana, mientras el pequeño estaba en la escuela, el anciano se dio cuenta de que Toby ya no se movía, ni ladraba, ni podría jugar nunca más. El cachorro había entrado en el Gran Silencio. El hombre, comprendiendo que su nieto era demasiado pequeño para entender lo que era la muerte, deseando evitarle cualquier sufrimiento, ideó un plan. Rápidamente cogió lápiz y papel y escribió una carta que metió en un sobre dibujando algo parecido a la huella de una pata de cachorro en él. Así, con la carta en el bolsillo, fue a recoger al pequeño. El joven, al salir y no ver a su mascota, miró a su abuelo y le preguntó: - Abuelito, ¿dónde está Toby?No lo sé hijo mío. Esta mañana encontré su caseta vacía y esta carta en su interior. Creo que va dirigida a ti. Quizás deberías leerla – El pequeño, con cara de asombro, abrió la carta y leyó en voz alta: - Hola, soy Toby. Verás, esta mañana sentí mucha curiosidad por ver mundo, así que me he decidido a salir de viaje. No te preocupes por mí, te prometo que cada mes te escribiré una carta y te contaré cosas de todos los lugares donde esté. Te quiere. Toby. – El niño miró a su abuelo y exclamó: - Abuelito, Toby se ha ido de vacaciones… ¿adónde habrá ido? ¿Cuándo regresará?... - Pero el anciano, encogiéndose de hombros, contestó:- Creo que tendremos que esperar una nueva carta para averiguarlo – Así, al cabo de un mes, el pequeño encontró una carta firmada con la huella de un cachorro en el buzón y, muy contento, la abrió y leyó: - Hola, soy Toby. Estoy en Venecia. ¡No te lo vas a creer! Aquí las calles son de agua. Ayer te vi montado en una góndola. Te quiero. Volveré a escribir. Toby – El pequeño buscó al anciano y le enseño la carta: - Mira abuelito, es de Toby. Dice  que está en Venecia y que me vio montado allí en una góndola. ¿Cómo puede ser posible si yo no me he movido de aquí? - No lo sé - Contestó el hombre - Creo que tendremos que esperar más cartas de Toby para poder aclarar este misterio – Así, al siguiente mes, el pequeño encontró otra carta en el buzón que decía: - Hola, soy Toby. Estoy en la India. ¡No te lo vas a creer! Aquí la gente se sienta de una forma muy rara. Llevan turbantes en la cabeza y se pintan un lunar rojo en la frente. Te vi ayer cuando te bañabas en las orillas del río Ganges. Te quiero. Te volveré a escribir. Toby.- El joven, intrigado, buscó de nuevo a su abuelo y le enseño la carta: - Mira abuelito, es de Toby. Dice  que ahora está en la India y que me vio allí mientras me bañaba en el Ganges. ¿Cómo puede ser posible si yo no me he movido de aquí? - No lo sé hijo mío – Volvió a contestar el anciano - Creo que tendremos que esperar más cartas de Toby para poder aclarar este misterio – De nuevo, al siguiente mes, el pequeño encontró otra carta en el buzón y leyó: - Hola, soy Toby. Estoy en China. ¡No te lo vas a creer! Aquí la gente se levanta muy temprano para practicar en los parques de cualquier ciudad una danza muy bella que llaman Tai-Chi. Te vi ayer cuando danzabas con ellos. Te quiero. Te volveré a escribir. Toby. - Así, todos los meses el pequeño fue recibiendo cartas de su mascota hasta que cierto día, el abuelito cayó muy enfermo y no pudo levantarse más de la cama, por lo que mandó llamar a su nieto y le pidió que abriera el armario. Cuando el niño lo hizo, de su interior salió un pequeño cachorro que pronto empezó a juguetear con él, subiéndose por sus pies y mordisqueando sus calcetines. Muy contento, el pequeño abrazó al perrillo contra su pecho y miró a su abuelito sonriendo - Mira hijo mío – Dijo el anciano débilmente - ¡Es Toby! – Pero el niño, examinando bien al cachorro, replicó: - Abuelito, ¿cómo va a ser éste Toby, si es más pequeño y no se parece en nada a él? – El anciano, gastando sus últimas fuerzas, le preguntó: - ¿Acaso no puedes quererle como le querías a él?¡Oh sí abuelito! Por supuesto que le querré mucho – dijo el pequeño – Entonces - siguió el hombre - para ti será como Toby, y tú para él serás su amigo, como también lo eras para Toby. No te fijes en la forma, sino en la esencia que guarda esa forma - El pequeño, aun sin comprender del todo, salió de la habitación para jugar con su mascota, pero esa misma noche su abuelito entró en el Gran Silencio y murió. No obstante, al día siguiente, una última carta le esperaba en el buzón. Una carta que ponía: - Hola hijo mío, soy tu abuelo. Verás, como Toby hace unos años, he tenido que salir de viaje para ver otros mundos. Igual que él, adonde vaya, te veré en otros cuerpos, en otros lugares, incluso en otros tiempos… porque te llevo en mi corazón, y, llevándote en mi corazón, puedo verte en todas partes. Todo en esta vida cambia pero sigue igual, porque el amor verdadero dura para siempre y ve más allá de las formas. Por eso no estés triste, porque, si tú también me quieres, me verás en otros lugares vistiendo tal vez otros vestidos, pero seguiré siendo yo, y te seguiré amando, porque la muerte no puede vencer al amor.”

Este y otros cuentos podrán encontrarlos en mi nuevo libro: DEL TAI-CHI AL TAO. De Ediciones Tao.


jueves, 29 de enero de 2015

DA MO


Cuando estuve en Pekín, el Destino quiso que me cruzara con un viejo monje, el cual me contó una antigua historia como nunca antes la había oído. Según este erudito, mucho tiempo atrás, en la India, en el seno de una noble familia emparentada con Siddhartha Gautama, del clan de los Sakias,  había nacido un niño muy especial.
Igual que Budha, su padre era gobernador de un pequeño estado, no obstante, era un hombre tirano y déspota. Trataba a sus sirvientes de la peor manera posible, atosigaba siempre al pueblo con más y más impuestos y, por las noches, además de frecuentar la compañía de mujeres disolutas, bebía tanto que se le podía ver deambulando por palacio totalmente ebrio, pateando a quien se cruzara por su camino, vomitando en cualquier rincón y gritando al viento palabras que ruborizaban a cuantos le oían.
Mientras, la madre del niño sufría en silencio los abusos de su marido, las amenazas, los golpes y, entre tanta gente, comenzó a encerrarse en sí misma, entrando en una gran depresión.
A medida que el niño fue creciendo y siendo consciente de su situación familiar, el sufrimiento se fue apoderando de él. Cuando miraba a su padre, la vergüenza le removía las entrañas. Y cuando estaba con su madre, una profunda pena le ahogaba el alma.
Conociendo que, en aquellos tiempos y en aquella tierra, la sabiduría estaba exclusivamente en poder de la casta de los sacerdotes Brahmanes, los únicos que tenían acceso a los Vedas, el joven fue a ver a uno de ellos y le dijo: - Señor, mi padre es un hombre terrible que esclaviza a su pueblo. Come y bebe a todas horas sin parar, se avergüenza a sí mismo y nos avergüenza a todos los demás. Además, quiere que yo siga sus pasos. Mi madre, al contrario, apenas come ni duerme, ya casi no habla y se ha encerrado en sí misma. Un intenso sufrimiento se ha instalado en mi alma y no sé qué puedo hacer para dejar de sufrir, para cambiar lo que está pasando – El sacerdote, mirando al joven, con aires de grandeza, le dijo: - Si quieres dejar de sufrir tienes que recitar diez veces al día tal y tal oración y encender tantas y tantas velas – Así, el muchacho, muy contento, regresó a casa e hizo como el sacerdote le había indicado. Sin embargo, al cabo de unos meses, regresó al templo, buscó al sacerdote, y le dijo: - Señor, he hecho todo lo que usted me aconsejó, pero mi padre sigue siendo un hombre terrible y mi madre sigue sin comer, ni dormir, ni hablar… Mientras, yo sigo sufriendo y no sé qué puedo hacer para dejar de sufrir ni para cambiar lo que está pasando – El sacerdote, enojado, replicó: - ¡Eso es porque no has rezado con fe! Vuelve a casa y pon más fe en tus menesteres. – El pequeño, aunque había puesto mucha fe en sus plegarias, no quiso discutir con el Brahmán e hizo como se le había ordenado, volvió a casa y rezó con mucha más intensidad, no obstante, al cabo de unos meses, regresó a buscar al sacerdote y le dijo: - Señor, he hecho todo lo que usted me dijo, pero mi padre sigue siendo un hombre terrible que se avergüenza a sí mismo y nos avergüenza a los demás, y mi madre sigue sin comer, ni dormir, ni hablar… Mientras, yo sigo sufriendo y no sé qué puedo hacer para dejar de sufrir ni para cambiar lo que está pasando – El sacerdote, harto del mocoso y de sus quejas, quiso cargarlo de rituales, por lo que le ordenó un ayuno sobrehumano seguido de larguísimas oraciones y de una peregrinación a la Ciudad de Varanasi para bañarse en el Sagrado río Ganges – Así, el joven, realizado todo lo anterior, al cabo del tiempo, regresó a ver al sacerdote y le dijo: - Señor, nada de lo que usted me ha recomendado ha servido para hacer cambiar a mi padre, para que mi madre se recuperara y para que yo dejara de sufrir – Pero el Brahmán, encogiéndose de hombros, se dio la vuelta y no le prestó más atención. Así, el joven aprendió que una cosa era la devoción a la Deidad, la necesidad del ser humano de buscar, conocer y comunicarse con la Fuente, con el Ser Supremo, con Dios, e incluso lo propicio que es pedir guía y apertura al Creador, y que otra cosa bien distinta era el modo de salir del sufrimiento, sus causas y sus remedios.
No obstante, reflexionando sobre lo anterior, el pequeño se dio cuenta de que, en aquella sociedad, ligaban íntimamente el sufrimiento con la Voluntad de Dios, y que sólo pidiendo Su Intervención, los hombres eran capaces de dejar de sufrir. Pero él mismo había descubierto que, no por mucho rezar, desaparecía el sufrimiento y sus causas. Su madre, que siempre había sido fiel a su religión, sin embargo, no había podido encontrar el camino de la felicidad. - Por tanto – siguió reflexionando - necesariamente Dios y el sufrimiento deben ir por caminos distintos - En ese momento vio cómo alguien ponía una olla en el fuego para cocinar y pensó - Quizás el sufrimiento sea como el agua de esa olla. Si alguien le acerca una llama, el agua hervirá y, por mucho que yo rece pidiendo a Dios que evite que el agua hierva, mientras no la aparte del fuego, seguirá su proceso natural. Por tanto, mientras no descubra las causas del sufrimiento y, como el fuego, no lo aparte de mí, el agua seguirá hirviendo y yo seguiré sufriendo.
De esta manera, el pequeño se precipitó hacia la búsqueda del conocimiento que le mostrase la vía para salir del sufrimiento y, por el camino, descubrió el budismo y se hizo monje. Años más tarde fue enviado a predicar a China y, en uno de sus retiros, en la íntima contemplación de sus meditaciones, le fue revelado que todo en la naturaleza, como una bella melodía, estaba en perfecta armonía, excepto el ser humano, que se empeñaba en poner la nota disonante. Por tanto, dejándose llevar por la música cósmica que era capaz de oír, tras sus sesiones de meditación, se levantaba e, imitando los movimientos de los animales que veía, danzaba al compás del universo, fundiéndose en un Todo armonioso, percibiéndose, ahora sí, como parte íntima de lo más Sagrado, Equilibrado, Pacífico, Sereno y Perfecto. Como una gota de vida que volvía a la Vida. Como el río que se funde en el mar…  

Este hombre fue conocido en Shaolin con el nombre de Da Mo, donde todavía se guardan algunas de sus reliquias, pero en occidente lo llamamos Bodhidharma, el padre del Kung Fu y de las artes marciales chinas.        

Extracto del Libro: DEL TAI-CHI AL TAO

jueves, 8 de enero de 2015

¿QUÉ ES EL TAI-CHI?



"Para el médico, el Tai-Chi se convierte en medicina, y en meditación para el meditador. Para el guerrero en arte marcial, y en fuente de salud para el terapeuta. Es cuna de paz para quien la busca, y longevidad para quien ansía inmortalidad. Es un camino de perfección para el monje, y piedra filosofal para quien anhela saber más. Es un precioso baile para quien desea bailar, y un sublime arte para el artista. Nuestra danza es todo esto y mucho más. El Tai-Chi es como la esencia que, vertida en el corazón del ser humano, toma la forma de su recipiente y, así, alma y Tai-Chi, de la mano, caminan juntos hacia el Tao" 

Extracto del libro: DEL TAI-CHI AL TAO